Galletas ligeras

galletas ligeras de canela

Galletas, galletas y galletas… Últimamente no hay fin de semana que no haga al menos dos tipos de galletas diferentes. La verdad es que tiene una explicación. Cuando hacía algún bizcocho, lo dejaba en casa, y en cada visita a la cocina íbamos picando… Si hago galletas, las reparto: a mi madre, a las compis de oficina… así puedo hacer más cosas, ya que sé que no van a acabar todas en mis caderas xD
La parte mala es que mi marido siempre refunfuña cuando ve que me las llevo, y que ahora en el trabajo me odian por engordarlas a ellas… pero todo sea dicho, los lunes con dulces pasan mejor!

La receta original de estas galletas no me acababa de convencer, ya que quedaban unas pastas sin sabor, secas, sosas… Con estas cantidades quedan unas galletas suaves y nada empalagosas, que se deshacen en la boca. Sin embargo, os aconsejo probar un pellizquito de masa en crudo, ya que así sabréis si según vuestro gusto han quedado muy sosas y les hace falta más azúcar.

Si os gusta el vaso que acompaña a las galletitas, os diré que es de Anna Tulleuda, mi moderna favorita, fantástica diseñadora y mejor persona. Podéis conocer su último proyecto, Ultramarins, aquí 🙂

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Galletas de canela

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Esa cosa con cara de sabelotodo soy yo. De esos días en los que los mayores problemas que tenías eran que tu hermana pequeña había decidido ponerse creativa y dibujar encima de todos tus libros, o sacarle la cinta a todos tus cassettes.

Cuando probé estas galletas enseguida me recordaron a las perrunas, unas galletas típicas del pueblo de mi padre y que están de muerte. Por eso me acordé de los fantásticos veranos cuando aún iba al “pueblito bueno”. Luego te haces adolescente y te aburres siempre y dejas de ir.

Pero qué le vamos a hacer… ¡Es inevitable crecer! Eso sí, no dejéis que ser mayor sea sinónimo de ser aburrido, gris, ni estar malhumorado o enfadado todo el día. No hay que perder nunca la sonrisa. Eso es algo que mi madre me ha enseñado (aunque lo suyo le ha costado), y que hoy en día me ayuda mucho. Sobre todo porque, si me dejo ir, soy de esas personas que tienden a ver siempre el lado negativo de las cosas.

Así que, en honor a los días de verano, el pueblito bueno, y las madres estupendas y amantes de la canela, aquí os traigo las mejores galletas del mundo. Sigue leyendo

Pastitas de almendra

galletas de almendra

No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son propósitos nobles y necesarios para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son las cosas que nos mantienen vivos.
El club de los poetas muertos

La vida en general es bastante fea. Una vez leí que eso es porque hemos dejado que sean los ingenieros y no los arquitectos los que construyan las ciudades. Gris, cemento, carreteras, puentes que pasan sin pudor por encima de casas… Tal vez el mundo antes no era tan práctico, pero si más bonito… y son esas las cosas que alimentan nuestra alma.

Por eso me gusta la repostería. Porque además de hacer cosas deliciosas, puedes hacer cosas preciosas. Y la vida merece ser bella… Si la naturaleza pensara que el gris es un color bonito se lo habría dado a alguna flor… ¿Conocéis alguna flor gris? Pues eso…

Así que nada, a hornear galletas, poner washi tape, pintar la casa de colores… ¡Dejad que la belleza entre en vuestra vida!

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Muffins de miel y canela

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Ya está aquí la primavera. Esa maravillosa época del año en la que tienes que ir siempre a cuestas con una chaqueta por si acaso y un bolso lleno de pañuelos para sonarte. Que fantástico es el polen de las flores y no saber nunca que ponerte… y acabar sudando a lo Camacho o pasando frío.

A mí lo único que me gusta de que llegue el calor es inaugurar los fines de semana en la terraza. Bueno, yo tengo un balcón estrecho, pero me sirve igual.

Seguramente estaréis pensando que voy a hacer una receta de picoteo dominguil, para disfrutar con una cerveza y unas patatauelas, pero no… ¡Os equivocáis! Como ésta es la estación de los contrastes, donde para unos parece que ya sea verano y otros siguen en el invierno, he decido hacer un muffin muy de manta y café con leche y sacarlo a tomar el sol en una cesta de picnic.

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Galletas de Cacaolat

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Tal vez algunos no sepáis lo que es el Cacaolat. Para no alargarnos mucho, os diré que es lo que normalmente se conoce como batido de chocolate en España (pero no el de helado) y que se comercializa aquí en Cataluña. Como los catalanes tenemos fama de ahorradores, la historia del Cacaolat no iba a ser menos: nació como alternativa para  los excedentes de leche de la fábrica Letona y en seguida se convirtió en un éxito. Joan Viader, hijo de Marc Viader, socio fundador de Letona, fue el culpable de que hoy cientos de personas sean adictas a esta bebida. Aunque al principio la distribución se hacía en la Granja Viader, ante la gran demanda y las colas que se formaban para entrar (más o menos como ahora, ya que siempre está lleno de guiris), pronto se empezó a comercializar.

El único batido similar que he probado es el batido COVAP de chocolate, cuando iba a pasar las vacaciones a Belalcázar (Córdoba), el pueblo de mi padre. Desde aquí me declaro ya super fan de esta marca, por cierto!

A lo que íbamos, que el Cacaolat está tremendo. Y si no que se lo digan a mi querida amiga a la que llamaremos Ms. W, que sucumbió a sus encantos cuando lo conoció en la universidad. Ms. W es de Cádiz-Badajoz-Talavera de la Reina o algo así (nunca lo hemos tenido muy claro), y es abiertamente fan de este bebida. No le gusta el pan con tomate, pero a un Cacaolat nunca le dice que no.

Pues eso, que como está lejos y la añoro, he hecho estas galletas pensado en ella. Socializar con un café con leche mola, pero hacerlo con un Cacaolat mola mil veces más 🙂 Sigue leyendo

Galletas (veganas) de anís

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Después de años rodeada de cupcakes, cake pops, push up cakes y demás mandangas con nombres super guays, voy y descubro que lo que más me gusta es una maldita galleta de toda la vida. De esas que saben a pueblo. Si, esas galletas densas que se te desmigan a cada bocado y que te recuerdan a los dulces que traía tu abuela cuando volvía de vacaciones. Puede que no os parezca una forma adecuada de describir un sabor, pero las llevé a la oficina y todas llegamos a esa conclusión: son las típicas galletas de pueblo.

Lo de que sean veganas es una casualidad. La tengo apuntada desde hace miles de años en mi antigua libreta de recetas, y nunca había reparado hasta ahora en que no lleva nada de origen animal. Aceite, anís, azúcar y harina. Eso es todo lo que hace falta para hacer estas fantásticas galletas. ¡Y además se hacen en 15 minutos! Mejor imposible 🙂

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Bizcocho de cerveza Moritz

Bizcocho de cerveza moritz

O birribizcocho, como  yo lo llamo. Seguimos con mi afición a añadirle alcohol a las cosas que cocino, y os aviso que esto es sólo el principio… A este paso van a vetar el blog los de alcohólicos anónimos.

Pues bien, a lo que iba. El otro día descubrí en un libro viejuno que tenía por casa un bizcocho hecho con cerveza rubia y decidí probarlo. Lo de usar Moritz no es casualidad. Desde hace unos años, mi marido, una amiga y yo, somos aficionados a lo que denominamos “birrisaraos” que organiza esta marca de cervezas.

Para quien no lo sepa, Moritz es una marca catalana con sede en Barcelona, creada en 1856 por el francés Louis Moritz Trautmann, y relanzada al mercado en 2004, por la quinta y sexta generación de la familia.

La empresa Moritz está estrechamente vinculada a la ciudad tanto por su actividad comercial, por su producto, como por las diversas actividades de ocio y culturales vinculadas a la ciudad y a Cataluña en las cuales participa.  (Gracias, wikipedia).

Pues bien, muchas de esas actividades se llevan a cabo en  la Fábrica Moritz Barcelona, en la Ronda de Sant Antoni, modernizada y reconvertida en segundo hogar de modernis y hipsters. La mayoría son conferencias, coloquios, cosas de guays, a las que puedes acceder gratuitamente o por un módico precio. Además de asistir a la charla, cuando acaba, te invitan a una caña de Moritz, que nunca viene mal. Por eso mismo, nosotros nos hemos vuelto frecuentes de estos saraillos: Una gran alternativa para los que tenemos sueldos de mierda.

Y si, podría haber hecho este bizcocho con cualquier otra cerveza, pero en honor a esa marca que nos ha proporcionado tan grandes ratos y tan frescas cañas, hoy traigo el birribizcocho de Moritz.


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