Pastitas de almendra

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No olviden que a pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo (…). Les contaré un secreto: no leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana; y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, el comercio, la ingeniería… son propósitos nobles y necesarios para dignificar la vida humana. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor son las cosas que nos mantienen vivos.
El club de los poetas muertos

La vida en general es bastante fea. Una vez leí que eso es porque hemos dejado que sean los ingenieros y no los arquitectos los que construyan las ciudades. Gris, cemento, carreteras, puentes que pasan sin pudor por encima de casas… Tal vez el mundo antes no era tan práctico, pero si más bonito… y son esas las cosas que alimentan nuestra alma.

Por eso me gusta la repostería. Porque además de hacer cosas deliciosas, puedes hacer cosas preciosas. Y la vida merece ser bella… Si la naturaleza pensara que el gris es un color bonito se lo habría dado a alguna flor… ¿Conocéis alguna flor gris? Pues eso…

Así que nada, a hornear galletas, poner washi tape, pintar la casa de colores… ¡Dejad que la belleza entre en vuestra vida!

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Muffins de miel y canela

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Ya está aquí la primavera. Esa maravillosa época del año en la que tienes que ir siempre a cuestas con una chaqueta por si acaso y un bolso lleno de pañuelos para sonarte. Que fantástico es el polen de las flores y no saber nunca que ponerte… y acabar sudando a lo Camacho o pasando frío.

A mí lo único que me gusta de que llegue el calor es inaugurar los fines de semana en la terraza. Bueno, yo tengo un balcón estrecho, pero me sirve igual.

Seguramente estaréis pensando que voy a hacer una receta de picoteo dominguil, para disfrutar con una cerveza y unas patatauelas, pero no… ¡Os equivocáis! Como ésta es la estación de los contrastes, donde para unos parece que ya sea verano y otros siguen en el invierno, he decido hacer un muffin muy de manta y café con leche y sacarlo a tomar el sol en una cesta de picnic.

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Galletas de Cacaolat

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Tal vez algunos no sepáis lo que es el Cacaolat. Para no alargarnos mucho, os diré que es lo que normalmente se conoce como batido de chocolate en España (pero no el de helado) y que se comercializa aquí en Cataluña. Como los catalanes tenemos fama de ahorradores, la historia del Cacaolat no iba a ser menos: nació como alternativa para  los excedentes de leche de la fábrica Letona y en seguida se convirtió en un éxito. Joan Viader, hijo de Marc Viader, socio fundador de Letona, fue el culpable de que hoy cientos de personas sean adictas a esta bebida. Aunque al principio la distribución se hacía en la Granja Viader, ante la gran demanda y las colas que se formaban para entrar (más o menos como ahora, ya que siempre está lleno de guiris), pronto se empezó a comercializar.

El único batido similar que he probado es el batido COVAP de chocolate, cuando iba a pasar las vacaciones a Belalcázar (Córdoba), el pueblo de mi padre. Desde aquí me declaro ya super fan de esta marca, por cierto!

A lo que íbamos, que el Cacaolat está tremendo. Y si no que se lo digan a mi querida amiga a la que llamaremos Ms. W, que sucumbió a sus encantos cuando lo conoció en la universidad. Ms. W es de Cádiz-Badajoz-Talavera de la Reina o algo así (nunca lo hemos tenido muy claro), y es abiertamente fan de este bebida. No le gusta el pan con tomate, pero a un Cacaolat nunca le dice que no.

Pues eso, que como está lejos y la añoro, he hecho estas galletas pensado en ella. Socializar con un café con leche mola, pero hacerlo con un Cacaolat mola mil veces más 🙂 Sigue leyendo

Galletas (veganas) de anís

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Después de años rodeada de cupcakes, cake pops, push up cakes y demás mandangas con nombres super guays, voy y descubro que lo que más me gusta es una maldita galleta de toda la vida. De esas que saben a pueblo. Si, esas galletas densas que se te desmigan a cada bocado y que te recuerdan a los dulces que traía tu abuela cuando volvía de vacaciones. Puede que no os parezca una forma adecuada de describir un sabor, pero las llevé a la oficina y todas llegamos a esa conclusión: son las típicas galletas de pueblo.

Lo de que sean veganas es una casualidad. La tengo apuntada desde hace miles de años en mi antigua libreta de recetas, y nunca había reparado hasta ahora en que no lleva nada de origen animal. Aceite, anís, azúcar y harina. Eso es todo lo que hace falta para hacer estas fantásticas galletas. ¡Y además se hacen en 15 minutos! Mejor imposible 🙂

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Bizcocho de cerveza Moritz

Bizcocho de cerveza moritz

O birribizcocho, como  yo lo llamo. Seguimos con mi afición a añadirle alcohol a las cosas que cocino, y os aviso que esto es sólo el principio… A este paso van a vetar el blog los de alcohólicos anónimos.

Pues bien, a lo que iba. El otro día descubrí en un libro viejuno que tenía por casa un bizcocho hecho con cerveza rubia y decidí probarlo. Lo de usar Moritz no es casualidad. Desde hace unos años, mi marido, una amiga y yo, somos aficionados a lo que denominamos “birrisaraos” que organiza esta marca de cervezas.

Para quien no lo sepa, Moritz es una marca catalana con sede en Barcelona, creada en 1856 por el francés Louis Moritz Trautmann, y relanzada al mercado en 2004, por la quinta y sexta generación de la familia.

La empresa Moritz está estrechamente vinculada a la ciudad tanto por su actividad comercial, por su producto, como por las diversas actividades de ocio y culturales vinculadas a la ciudad y a Cataluña en las cuales participa.  (Gracias, wikipedia).

Pues bien, muchas de esas actividades se llevan a cabo en  la Fábrica Moritz Barcelona, en la Ronda de Sant Antoni, modernizada y reconvertida en segundo hogar de modernis y hipsters. La mayoría son conferencias, coloquios, cosas de guays, a las que puedes acceder gratuitamente o por un módico precio. Además de asistir a la charla, cuando acaba, te invitan a una caña de Moritz, que nunca viene mal. Por eso mismo, nosotros nos hemos vuelto frecuentes de estos saraillos: Una gran alternativa para los que tenemos sueldos de mierda.

Y si, podría haber hecho este bizcocho con cualquier otra cerveza, pero en honor a esa marca que nos ha proporcionado tan grandes ratos y tan frescas cañas, hoy traigo el birribizcocho de Moritz.


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Tarta de manzanas borrachas

Tarta de manzana

Últimamente estoy de bajón. Este año cumplo los treinta, y no puedo evitar hacer balance de mi vida y darme cuenta de que casi no he conseguido nada de lo que me propuse cuando cumplí los veinte.

No es que me queje de la vida que llevo, pero siempre había pensado que iba a conseguir “algo más”. Tampoco me refiero a más dinero, o a tener más cosas, pero si a disfrutar de una posición que me permitiera hacer las cosas que me gustan, y que levantarse cada mañana no fuera un suplicio.
Obviamente no ha sido así… Por una parte, no consigo saber exactamente que es a lo que me gustaría dedicar el resto de mi vida. Me gustan muchas cosas, pero igual que me apasiono por algo, tiendo a aborrecerlo igual de pronto. Y eso es un gran problema.
Y por otra, una vez has entrado en esa dinámica de “necesito trabajar para vivir” es muy difícil salir. Ahora mismo no es que me pueda permitir muchas dudas existenciales.

Pues bien. Aunque no soy una persona de darse a la bebida cuando está depre, lo que si hago es añadírsela a la comida xD Creo que me sale solo. Si me pongo a cocinar un poco baja de ánimos, no me doy cuenta y ya estoy con el licor 43 o el coñac por la cocina… Y luego pasa lo que pasa…. que salen tartas riquísimas, como esta de manzanas bien borrachas con brandy.

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Bizcocho de nueces

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Vuelven las tardes de lluvia. Esas en las que sólo apetece acurrucarse en el sofá y tomarse un buen café con leche y un trocito de bizcocho mientras lees algo. Si tenéis un fin de semana de esos, podéis aprovechar para haceros vuestra propia merienda. Tomarse un bizcocho recién hecho, cuando aún tiene un puntito caliente, es uno de los grandes placeres de la vida.
Como ya estaba bastante cansada del típico bizcocho de yogurt, hice una variación del bizcocho cuatro cuartos, otro de los más sencillos pero que siempre da buenos resultados. Por si alguien no lo sabe, el bizcocho cuatro cuartos está hecho a partes iguales, y lleva 3 huevos (de unos 55-60 gramos cada uno), 175 gramos de mantequilla, 175 gramos de azúcar y 175 gramos de harina. A partir de ahí, cada uno puede dejar volar su imaginación: ralladura de limón, vainilla, canela y jengibre, un chorrito de licor, un poco de cacao… ¡las posibilidades son infinitas!
El otro día me decanté por uno con licor 43, nueces y azúcar moreno ¡y voló! En menos de media hora no quedaba ni una simple miguita en la fuente.

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